Tuesday, April 21, 2009

Flaubert en Estambul

En su libro Estambul, un retrato íntimo y muy personal de su ciudad, Orhan Pamuk escribe:

Aún luchando con la sífilis, que provocaría que en poco tiempo se le cayera el pelo y que su madre no lograra reconocerlo cuando por fin le viera, Flaubert va a un burdel en Estambul. El dragomán –intérprete, guía– que les enseñaba a todos los viajeros occidentales aquellos sitios le lleva a un lugar en Gálata tan "sucio" y en el que las mujeres son "tan repugnantes" que Flaubert quiere irse de inmediato. Pero, según lo que él mismo escribe, en ese momento la "madame" propietaria del establecimiento le ofrece a su huésped francés a su propia hija. Se trata de una muchacha de dieciséis o diecisiete años que a Flaubert le gusta mucho, pero que no quiere acostarse con él. La gente de la casa obliga a la fuerza a la chica –uno siente cierta curiosidad por saber qué haría el escritor mientras la convencían– y cuando los dos por fin se quedan solos ella le pide en italiano a Flaubert que le enseñe su órgano para saber si está enfermo o no. "Como me daba miedo que me viese el pene le dije que lo consideraba un insulto y me largué de allí", escribe.

Sin embargo, en El Cairo, al principio de su viaje, había contemplado con interés a los enfermos que se bajaban los pantalones a una indicación del médico para mostrar las heridas de la sífilis al observador occidental y transcribió sus observaciones en su cuaderno –como haría al describir atentamente el aspecto físico y la ropa del enano del patio del palacio de Topkapi– con el placer de haber sido testigo de una nueva rareza, guarrería o caso médico del Oriente. Flaubert había venido a Oriente tanto para contemplar paisajes hermosos e inolvidables y coleccionar recuerdos como para ver las enfermedades y las curiosidades de los otros, pero, al mismo tiempo, no tenía la menor intención de enseñar sus propias rarezas ni la enfermedad que había contraído. En su brillante libro Orientalismo, que por desgracia en Estambul se ha leído para acariciar los sentimientos nacionalistas y para que nos creamos una vez más lo maravilloso que sería el "Oriente" de no ser por los occidentales, Edward Said escribe unas líneas extremadamente comprensivas sobre Nerval y Flaubert, pero no menciona la escena del burdel de Estambul que la completa. Quizás porque Estambul nunca ha sido una colonia europea. Con todo, los turcos nacionalistas, al igual que los viajeros occidentales, llamaron a esta enfermedad (que se cree que se extendió desde América al esto del mundo) frenghi, "mal de los francos", para echarle la culpa a otra civilización. Semsettin Sami, el autor de origen albanés que publicó el primer diccionario turco cincuenta años después de la llegada de Flaubert a Estambul, escribe que la sífilis "nos vino de Europa". Años más tarde, en su Diccionario de lugares comunes, Flaubert pone punto final a la cuestión, tan contagiosa como la enfermedad misma, de "¿quién la contagia?": más o menos todo el mundo ha tenido la sífilis.

Orhan Pamuk, Estambul (Barcelona, 2006), págs. 334-335.